Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha

Switch to desktop

#7deJulio. Tal día como hoy... Manifiesto de Manzanares

Tal día como hoy, el 7 de julio de 1854, en Manzanares, Antonio Cánovas del Castillo redactó un documento firmado por el general Leopoldo O'Donnell a través del cual se exigieron reformas políticas y unas Cortes Constituyentes para hacer posible una auténtica «regeneración liberal». Fue el denominado Manifiesto de Manzanares.

Este hecho histórico forma parte de un largo ciclo de pronunciamientos, revoluciones y guerras civiles que asolaron España durante buena parte del siglo XIX. Durante este periodo se produjo la transición desde el antiguo régimen al estado liberal y en este complicado proceso se enfrentaron concepciones ideológicas totalmente contrapuestas. En un primer momento los defensores del absolutismo se opusieron a los liberales. En el campo liberal también había profundas disensiones entre moderados y progresistas. Conforme avanzó el siglo la situación se complicó aún más con nuevas corrientes ideológicas como los demócratas y los republicanos.

Uno de los factores que más favorecieron la inestabilidad política era la forma de elección del gobierno. El rey era el que designaba al presidente del consejo de ministros y una vez que éste formaba el nuevo gobierno, se celebraban elecciones en las que, gracias a prácticas corruptas, el partido gubernamental se aseguraba una cómoda mayoría en el parlamento. Durante el reinado de Isabel II favoreció sistemáticamente al Partido Moderado frente al Partido Progresista. Prácticamente, la única opción que tenían el resto de formaciones políticas para acceder al poder era recurrir a algún militar de prestigio, para que mediante un pronunciamiento o golpe de estado derribase al gobierno y forzase a la reina a designar a un presidente de otro partido.

En el verano de 1854 el gobierno del Partido Moderado estaba en sus horas más bajas y no consiguió que las cortes aprobasen una nueva ley que debía ratificar unas concesiones ferroviarias, por lo que las aprobó por decreto, además destituyó y desterró a importantes militares, entre los que estaba O'Donnell que se ocultó en Madrid

En esta situación se empezaron a organizar conspiraciones contra el gobierno entre progresistas e incluso entre importantes facciones de los moderados. Los acontecimientos se desencadenaron el 28 de junio de 1854 cuando el general O'Donnell tomó el mando y desveló su intención de derrocar al gobierno. El resto de las tropas de guarnición en Madrid se mantuvieron fieles al gobierno por lo que O'Donnell intentó tomar la capital por la fuerza el día 30 de junio. Se produjo una batalla en Vicálvaro, en las afueras de Madrid, que acabó sin un claro vencedor. Después de la batalla, las tropas gubernamentales se retiraron a Madrid y los sublevados marcharon a Aranjuez. En los días siguientes la situación de O'Donnell empeoró notablemente, el día 4 de julio, decidió retirarse hacia el sur de España para ganar tiempo. El día 5 las tropas de O'Donnell llegaron a Puerto Lápice, el 6 pernoctaron en Villarrubia de los Ojos y, finalmente, el día 7 alcanzaron Manzanares, seguidas muy de cerca, apenas a un día de distancia, por las tropas gubernamentales.

La situación de O'Donnell a su llegada a Manzanares era crítica, aunque había un gran hartazgo entre los progresistas con el gobierno del Partido Moderado, no se sumaron al golpe de estado porque desconfiaban de O'Donnell.

O'Donnell tenía que tomar una decisión en Manzanares. El día anterior se había unido a los sublevados en Villarrubia de los Ojos el secretario personal de O'Donnell, Antonio Cánovas del Castillo. El general Serrano llegó directamente a Manzanares, procedente de Jaén donde estaba desterrado. Estos tres personajes llegaron a la conclusión de que la única opción que les quedaba para que el pronunciamiento triunfase era sumar a la sublevación a los progresistas y éste fue el principal motivo que les llevó a redactar el Manifiesto de Manzanares.

Los sublevados apenas estuvieron en Manzanares dos días. Llegaron el 7 de julio, que fue el mismo día en el que se firmó el Manifiesto, y partieron de la localidad en la mañana el día 9 en dirección a Santa Cruz de Mudela, perseguidos de cerca por las tropas gubernamentales. En Manzanares, el general O'Donnell fue recibido por Francisco González-Elipe Camacho, antiguo diputado y senador vitalicio y en su casa firmó el manifiesto. Cánovas se alojó en la casa del alcalde en funciones, Pablo González-Calero Ruiz-Escribano. Sería precisamente en esta casa donde Cánovas redactó el Manifiesto.

El Manifiesto era un texto breve, incluso ambiguo, pero tenía la virtud de mencionar las reivindicaciones históricas del Partido Progresista. Se hablaba de mejorar la ley electoral, descentralizar la administración, dando mayor poder a los ayuntamientos y restaurar la milicia nacional, un cuerpo armado de ciudadanos voluntarios que debía tener el propósito de mantener el orden público y defender el régimen constitucional. Una vez firmado el Manifiesto por O'Donnell, el gran objetivo de los sublevados era conseguir que se difundiese por toda España. Para ello, Cánovas del Castillo marchó hasta Jaén en busca de una imprenta donde poder imprimir copias. Acto seguido, regresó a Madrid donde hizo circular de forma clandestina el Manifiesto.

El efecto del Manifiesto fue fulminante y los hechos se precipitaron. Los progresistas y demócratas se empezaron a rebelar por toda España. Las masas populares llenaron de barricadas las calles de Madrid; hubo combates con las tropas que aún defendían al gobierno; asaltaron la casa del presidente del gobierno y el palacio de María Cristina y liberaron a presos políticos de las cárceles. En definitiva, una revolución en toda regla. La reina no tuvo más remedio que ceder ante los sublevados y nombró presidente del gobierno al general Espartero, líder histórico de los progresistas. El general O'Donnell fue nombrado ministro de la Guerra. El 28 de julio el general Espartero hacía su entrada triunfal en Madrid, aclamado por la multitud, dando comienzo al periodo conocido como el Bienio Progresista (1854-1856) que fue un periodo de gran inestabilidad social y económica. Podemos concluir que, aunque el Manifiesto sí que consiguió derribar al gobierno, el fracaso de la presidencia de Espartero imposibilitó que el programa político del Manifiesto pudiera llevarse completamente a la práctica. Sin embargo, la influencia del Manifiesto perduró entre los progresistas españoles durante buena parte del siglo XIX.

Fuentes:

https://bit.ly/2TEXeWn 

El manifiesto de Manzanares: entre el pronunciamiento de Vicálvaro y la revolución de julio / [por José Antonio García-Noblejas]. -- [Manzanares, Ciudad Real]: Biblioteca Pública Municipal "Lope de Vega", D.L. 2012.

Modificado por última vez en Lunes, 12 Julio 2021 10:10