Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha

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Manifiesto del Día del Libro 2018

 

Castilla-La Mancha celebra desde 1992 el Día del Libro, siendo ya una tradición que un autor vinculado con la región dedique unas reflexiones personales en torno a la importancia del libro y la lectura para su difusión en forma de Manifiesto cada 23 de abril. Este año contamos con LLanos Campos Martínez, escritora, actriz y dramaturga albaceteña.

Manifiesto

Díptico

Cartel

MANIFIESTO PARA EL DÍA DEL LIBRO 2018

He vivido muchas vidas.

He corrido por las calles intentando evitar la muerte de Santiago Nasar, busqué la luz tras las rejas de la casa de Bernarda Alba, aullé de dolor con el abandonado Rey Lear, salté a la pata coja en la rayuela (capítulo adelante, capítulo atrás), me enamoré de un muchacho casi salvaje allá en Cumbres Borrascosas, pude conocer el centro de la tierra, el fondo del mar, el lugar donde viven los monstruos. Bajo las arenas del desierto embalsamé cadáveres mientras repetía el nombre de la bella Nefer (Nefer, Nefer), y sobre ellas domestiqué un zorro que me domesticó a mí.

Guardé los juegos de los niños entre el centeno, conseguí llevar el más pesado anillo hasta las entrañas del Monte del Destino, asistí horrorizada a los primeros pasos de un monstruo compuesto con trozos de cadáveres. He paseado por Nueva York con Federico, con Paul, he puesto mi orden en la boca del Golem y he mirado asombrada a través del Aleph. Tarareé una nana que olía a cebolla, y otras rimas que olían a whisky, a flores y a locura. He recibido pedradas por acompañar a un hidalgo manchego a desfacer entuertos, he pasado hambre de la buena con Don Pablos, he tomado té con muchachas orgullosas y con un sombrerero loco, tuve una criada disecada que se movía sobre una tabla de madera.

Esperar a Godot, destilar perfumes con un muchacho que no tiene olor, gritar con Edipo, escapar con Edmundo, perseguir al monstruo blanco con Ahab, recorrer Nueva Orleans con Ignatius, naufragar con Crusoe.

Todo eso hice, todo eso hago sentada frente al mar, junto al crepitar del fuego o traqueteada por el autobús. ¡Qué pena, la gente que solo vive una vida!

Entras en una librería, paseas por los pasillos de una biblioteca, y ahí está el tuyo, temblando en las estanterías, deseando saltar a tus manos como un regalo precioso. Basta abrirlo como una caja mágica, como una máquina del espacio y del tiempo; oler el papel, la tinta, pasar la mano por la superficie satinada de las ilustraciones. «Érase una vez», y todo empieza. «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos…», y ya estás dentro.

¿Un día del libro?… ¡Un libro para cada uno de los días!

Llanos Campos Martínez