Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha

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El primer bibliobús: retazos de una época Destacado

La reciente publicación de los archivos del NO-DO en la página web de RTVE nos ha permitido rescatar un documento muy especial, el NO-DO nº 571, del 14 de diciembre de 1953, en el que se informa de las actividades del  Servicio de Bibliobuses de la antigua Dirección General de Archivos y Bibliotecas. El servicio se había inaugurado dos meses antes, el 12 de octubre, y era completamente novedoso en aquella España de posguerra que tanto necesitaba de la cultura.

NO-DO 571 1953 a partir del minuto 4:14 está dedicado al Servicio de Bibliobuses

Unos años más tarde llegó el primer bibliobús de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas a  Cuenca. Un  pequeño bibliobús en el que Justo Carrasco Pérez recorrió la provincia durante los veranos de los años 70. Hoy, Justo ha querido compartir con nosotros sus  recuerdos y vivencias. Éste es su relato:

 

El primer bibliobús: retazos de una época

Sus primeros kilómetros se remontan a 1970/71 hasta 1975, era un furgón marca SAVA de la casa PEGASO que comercializaba Finanzauto y Servicios, de color amarillo y rotulado en ambos laterales con la indicación a que organismo pertenecía: DIRECCION GENERAL DE ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS dependiente del entonces llamado Ministerio de Educación y gestionado por la Casa de Cultura que dirigía D. Fidel Cardete.

Gracias a la amistad con Donelio Cifuentes, (el chófer del PMM siempre con su traje gris oficial) a su amabilidad y buena memoria puedo también reseñar la matrícula: PMM-18999.

Todos los días, al llegar a Cuenca después de la ruta, el bibliobús “dormía” en el garaje del PMM (Parque Móvil de Ministerios-entonces todos los ministerios usaban las mismas siglas en las matriculas de franco-3-weblos vehículos) que se encontraba en la Avda. Reyes Católicos junto a la confluencia con la actual Santa Mónica. A ambos lados de la puerta en esquina que daba a las dos calles había unos surtidores de combustible para el uso de los vehículos del parque exclusivamente que se accionaban a mano y que hoy harían las delicias de muchos coleccionistas.

Menos a las poblaciones grandes se llegaba a muchos lugares mediante 9 o 10 rutas preestablecidas atendiendo en cada una de ellas entre 5 y 8 pueblos y a donde se regresaba cada 14/15 días. Siempre se paraba, bien en la plaza, bien junto a las escuelas (había en todos los pueblos), poníamos música en la megafonía y así indicábamos que estaba el autobús-biblioteca, como hace hoy en día cualquier vendedor ambulante para anunciar sus productos. No existía un tiempo predeterminado para cada lugar, nos lo marcaba el propio sitio pero nunca se excedía de una hora aproximadamente.

No sé como se ha hecho en épocas posteriores con la informática, entonces cada libro llevaba pegada una bolsita de papel y en su interior una ficha amarilla en la que constaba el título del libro con dos columnas para marcar las fechas de entrega y devolución. Cuando el libro se cedía, la ficha amarilla se “cosía” con un clip al carné del lector/a que había en un cajón que previamente habíamos recogido en la biblioteca de Cuenca antes de salir y que correspondía a la ruta del día; si el lector/a era nuevo se procedía a darle de alta y su carné pasaba a engrosar el cajón de la ruta.

La contraprestación económica no existía por el trabajo, tan solo teníamos una pequeña dieta para comer (creo recordar que entre 10/15 duros, es decir 50/75 pts, que traducido a hoy no era nunca más de 30/50 cts de euro) y que traducíamos en beneficio neto gracias al bocadillo de nuestras madres y a las fuentes de los pueblos.

Las primeras experiencias con el bibliobús las vivieron las chicas de la sección femenina.

Recuerdo algunas rutas: HUETE, VELLISCA, SACEDA, MAZARULLEQUE, GARCINARRO, O PINEDA, NAHARROS, TORREJONCILLO, PALOMARES, CARRASCOSA y también CAÑAVERAS, CANALEJAS, CASTEJÓN, ALCOHUJATE, CAÑAVERUELAS, VILLALBA DEL REY y así hasta nueve o diez. También recuerdo las carreteras de los 70 sin arcenes, sin pintar y con tantos baches con aquellas cuadrillas de peones camineros arreglándolos. De las comodidades en los vehículos ni hablamos.

Hay cosas que no se olvidan aún pasando 40 años, como las ganas que se tenían en volver a un pueblo concreto porque había una chica lectora que te gustaba o como el nombre de un niño que veraneaba en Horcajada de la Torre: GUSTAVO ADOLFO BECQUER.

Aún conservo la trilogía sobre la División Azul que me regaló el bedel/conserje encargado de la reposición de libros, porque se encontraban en mal estado; su autor era Fernando Vadillo (un vitoriano que fue director del periódico AS) y con el que contacté en los años 90; él muy amablemente me remitió un cuarto volumen y la dedicatoria para toda la colección.

Fue un trabajo agradable –si exceptuamos la remuneración- ya que acercábamos la lectura a todo tipo de público poniéndolo muy fácil: Bueno, Bonito, Barato y con portes incluidos. Hoy, ya en 2014, la idea seguirá siendo la misma ayudada por los avances tecnológicos y la modernización del país: bases de datos, autovías y vehículos acondicionados.

Justo Carrasco Pérez

 

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